Un esfuerzo completamente voluntario, sin logotipos ni partidos: lo que importa es la ciudad
Imaginemos una civilización incipiente, una civilización más que joven, recién nacida. Hay que pensar en los primeros individuos asentados en sus cuevas, en Altamira, por ejemplo. Hubo dos, tres quizá, que tuvieron una idea: elaborar un testimonio de su entorno en las paredes. El retrato en la imaginación está así: un cavernícola, muy cercano al mono, hace el primer mural de la humanidad, dibuja los animales, el ritual de cacería, su propia historia con resinas y pigmentos naturales. He aquí, el primer destello del arte, una forma ancestral de plantear el tiempo en las paredes. Leer más